La Historia de los Elfos
Antiguamente los elfos eran aliados de los hombres y ambos pueblos cabalgaron juntos para luchar victoriosamente contra el pueblo de las serpientes Naga y los demonios. De manera conjunta, ambos pueblos erigieron una barrera mágica con poderosos artefactos evitando así que los malvados Naga consiguieran jamás abandonar la franja alrededor del volcán Aotulia. Uno de estos artefactos era la espada élfica “Arcoluz”. Tras la caída de los Reinos Antiguos, los elfos se retiraron a la profundidad de los bosques y a apartadas islas para así escapar al exterminio llevado a cabo por los Guardianes, las criaturas creadas por los humanos. Con todo, los Guardianes no eran la única amenaza para aquel pueblo que una vez fuera tan poderoso.
Desde siempre a los elfos de Candara los ha acompañado una funesta leyenda acerca de una maldición. “La maldición de los gemelos” fue a fin de cuentas la razón por la que el pueblo de los elfos mermó hasta convertirse en una pequeña minoría. Según una profecía, el nacimiento de gemelos en la Casa Real arrojaría gran sufrimiento sobre los elfos y durante la guerra contra los demonios fueron, de hecho, dichos gemelos quienes dividieron al pueblo de los elfos y lo debilitaron. Sin embargo, la maldición parecía no haberse cumplido todavía. Mientras que los guardianes causaban estragos en Taborea, en la antigua patria de los elfos volvían a nacer gemelos. De nuevo se trataba de los hijos de la Pareja Real. Para evitar de nuevo la desgracia a su pueblo, el Rey elfo Palun‘aik decidió desterrar a uno de sus hijos. La elección cayó sobre el más joven de los dos hermanos, Kentailon. La familia real se volvió a descomponer, ya que la reina decidió acompañar a su hijo en el destierro. Mientras que el hermano mayor, Yabis’an, se preparaba para ser el sucesor de su padre, Kentailon inició un viaje largo y lleno de aventuras por las tierras de Candara.
El destino condujo a Kentailon y su madre hasta los descendientes de los elfos que antaño habían seguido a uno de los primeros gemelos en la guerra contra los demonios. Allí permanecieron muchos años hasta que Kentailon decidió continuar su viaje solo, bajo el seudónimo de “Sig’ayalas”. En uno de aquellos viajes alcanzó las proximidades de la barrera mágica que siglos antes había sido levantada para alejar a los Naga. Una vez allí, se enamoró de una joven humana, pero su felicidad no duraría mucho. Los cíclopes irrumpieron en el país y los humanos que allí vivían eran demasiado débiles para resistir los ataques. En la urgencia del momento, Sig’ayalas sustrajo del Muro de las Prohibiciones la espada mágica de sus antecesores y obligó a los cíclopes a emprender la huida. Al hacerlo, el muro se derrumbó y los Naga pudieron liberarse de su prisión. De nuevo parecía confirmarse así “la maldición de los gemelos élficos”. Regresaron de nuevo al continente de Candara, y hoy día los humanos se adentran cada vez más en el antiguo hábitat de los elfos. Además, los Naga parecen seguir sus propios planes. En la frontera norte de Candara una guerra inminente ha puesto en peligro el futuro de los elfos. En estos tiempos de incertidumbre Yabis’an, Rey de los elfos, ha decidido retomar la alianza con los humanos de Varanas para ver si demuestran ser aliados de confianza en los conflictos que se aproximan.

























